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La estrella que puse en tus manos

Hace unos meses saliste huyendo, corriendo, buscando el lugar más lejano, fuera del alcance de mis manos, te fuiste llorando, tratando de escapar de la realidad que nos formamos, no quería dejarte ir, si tu te marchabas yo lo haría contigo, te alcanzaría, estaría contigo hasta el fin del mundo, en la montaña, en la fuente, frente a la iglesia, entre las estrellas que vacilaban en el firmamento.

Hace unos meses corrí detras de ti, me iría contigo, no podía aceptar que te marcharías, que me dejarías, que todo lo que habíamos vivido se olvidaría, a veces las noches compartíamos, en la salida del hospital el mundo cambiaríamos, siempre veía tus ojos, el brillo en tu oscura mirada siempre crecía, los errores del pasado aún dolían, las lagrimas abundantes siempre volvían.

Hace unos meses que observaba el cielo, no había lluvia, no habían nubes, la luna brillante, enorme, inalcanzable, suspendida a la distancia iluminaba nuestros pasos en las calles de piedra, acompañaba nuestras voces en el silencio, en el frío, en la locura de las noches, las fachadas añejas, las palabras pocas, las distancias cortas, los sueños muchos, los deseos infinitos y los latidos precipitados eran comunes en esos días.

Lejos del mundo que se oponía solucionamos los problemas de lo que antes llamabamos nuestras vidas, lejos del mundo creíamos que ahora las cosas si funcionarían, los dulces postres, los rojos pétalos, los juegos de amor poco a poco volvían, el paseo en el parque, la luz que pendía de los árboles, el frío de la noche invitaba a compartir el calor de tus brazos, todo estaba listo para empezar de nuevo.

Hace unos meses pensé en obsequiarte una estrella, una estrella diminuta que estuviera siempre en tus manos,una estrella que expresara una pequeña muestra del amor que por tí profesaba, una estrella que te brindara la luz que nuestra vida necesitaba, una estrella.

Esa estrella la puse en tus manos, entre tus dedos su luz destilaba, entre tus dedos las caricias parecían más suaves, entre tus dedos mis sueños se bordaban, entre tus dedos mil preguntas se contestaban.

Esa estrella que puse en tus manos, bajo la luna, bajo las estrellas, en las calles de piedras, cerca de la fuente iluminada por la luz que pendía de los árboles, allí frente a la iglesia, las lágrimas generosas llenas de alegría regresaban.

Hace unos minutos me preguntabas, que pasaría con nosotros, me cuestionabas que pasaría si ya no me quieres, que pasaría si ya no te quiero, repetias, te odio, muchas veces que te pienso te odio, mi silencio no dijo mucho, no dijo nada, el silencio prefería permanecer callado, aún con frío, con los labios secos, el corazón destrozado, me preguntaba en la soledad de mi mente, donde perdí el amor, en donde lo dejé a un lado, lus lágrimas llorosas, recorrían el surco de tu mirada, bañaban los labios antes secos, ahora humedos, humedos no por la dulzura del amor, humedos por la amargura del adios, dijiste adios, tomaste la estrella que puse en tus manos, el coraje acumulado en tu corazón, la tristeza que inundaba tus pensamientos, los metiste en una caja para enterrarlos junto con la estrella que hace unos meses puse en tus manos.

El riguroso luto acompaña nuestras entrañas, el dolor en el pecho aún no se marcha, los sueños perdidos no se dejan olvidar, las caricias pendientes no se quieren desperdiciar, la estrella que puse en tus manos yace hoy entre terciopelo negro, con detalles dorados y destellos agonizantes.

La estrella que puse en tus manos hoy se ha depreciado, ha perdido su valor, ha perdido su brillo.

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